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Sobre el provincianismo literario. La novelística de Jorge Baradit.

21 enero 2009

Jorge Baradit.

Jorge Baradit.

Ad portas del Segundo Número de Revista CONTRAFUERTE LITERARIO, este espacio virtual se hace cargo ahora de trasladar y acoger los contenidos del primer número de la revista impresa.

En este sentido, ahora ofrecemos un texto que, en el momento de su publicación, servía de adelanto a SYNCO de Jorge Baradit, novela que apareció en fragmentos inéditos en nuestro primer número. Las relaciones entre la ciencia ficción, así, y la persistencia del realismo en la narrativa chilena, son exploradas por Juan Manuel Silva Barandica en Sobre el provincianismo literario. Sigue leyendo este interesante artículo.

SOBRE EL PROVINCIANISMO LITERARIO.

La novelística de Jorge Baradit.

Generalmente las reseñas se abren desde el autor. Jorge Baradit Morales, treinta y nueve años, casado, un hijo, diseñador gráfico. En este caso, creo, no es necesario saber de Baradit más que su oficio, curiosidad que, como punto de partida, permite en una lectura superficial instalarlo como un escritor subterráneo o marginal (por no decir underground) de tres novelas (Ygdrasil, Trinidad y Synco), pertenecientes al género de la Ciencia Ficción. Superando el prejuicio, si tengo que hablar de Baradit y, mejor dicho, de su novelística, debo hacerlo desde mi historia personal.

Agosto del año 2006. Caminando por Buenos Aires, cansado por haber permanecido un día entero escuchando ponencias sobre Borges, perseveré por Santa Fe hacia el Oriente, dejando de lado la fatiga, e instigado por la curiosidad que causaba en mí la publicación de una novela chilena de Ciencia Ficción en Ediciones B, recorrí cada librería del centro hasta encontrarla. Como suele ocurrir, el resto es historia. En menos de dos días ya había leído la novela y al fin comprendía el porqué de mi afán.

Volviendo a lo superficial de la reseña, quisiera mezclar mi afán, esa curiosidad que era Baradit para mí, con otras dos curiosidades para el lector primerizo, estas son, la marginalidad y la Ciencia Ficción.

Vinculadas más por ocio que por razones ciertas, la marginalidad y la CF (Ciencia Ficción), o bien, la marginalidad de la CF es un prejuicio hoy saludable al género. Esto, pues gracias a repetidos intentos de la crítica de abrir el mapa de textos y lecturas de textos desde las Grandes Obras de Occidente, hacia la actualización de la literatura mediante ciertas vindicaciones (de género, ideología, etnia, etc.), la CF ha pasado de ser el ámbito privado de los eternos adolescentes (geeks, freaks, ñoños o nerds) a un feliz lugar común. Gracias al cine o a la aparente democratización de la información desde su valía, es decir, desde la equiparación cualitativa entre las literaturas y otras ramas del arte, muchos críticos han descubierto en la CF una nueva novela policial. Yo, por mi parte, sin querer reseñar la historia de la CF, dudo mucho que esta se resuma en la continua aparición de maquinarias estrambóticas o en su aparente exotismo. De un modo más civil, he anclado en la CF por ser un silencioso espacio de crítica a los estamentos literarios (mercado literario, academias, crítica y teoría literaria). Así, esta probable historia del futuro que es la CF ha sido desde su fundación (como otros géneros) un cuestionamiento sobre las leyes del arte poético o narrativo. La CF no se opone a la Realidad, sino al Realismo, es más, una de las preguntas más serias planteada por autores de CF está cifrada en el estatuto, o bien, el artificioso espectáculo de lo real. En ese sentido, la CF no haría escapismo, sino una crítica sobre el fundamento de lo real (A cabeza descalza de Brian Aldiss, Trueque Mental de Robert Shekley), sobre esa ficción que nos es presentada como real.

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En esta CF aparece Baradit, no en aquella llena de robots, láser y viajes estelares, por lo mismo mi acercamiento a su literatura fue causada por un principio extraterrestre, no tan solo interplanetario, sino intraplanetario. Me sorprendió que un chileno titulara Ygdrasil a su novela, y que fuera criticado por su panespiritualismo o vago esoterismo. Tal sorpresa no era casual, responde a la verosimilitud de la novelística chilena, es decir, a la incapacidad que nuestra novela tiene de dejar de ser realista. Asimismo, mi extraterrestre fijación tenía que ver con este planeta, con sus causas, con aquello que los antiguos llamaron dioses, los monoteístas Dios, y gracias a la literatura fantástica, llamamos nosotros superchería. Cada aparente aparición de lo inaplicable en Ygdrasil es llamada con el nombre de un dios, cada creencia es amalgamada como la tierra de Adán o un Golem, además de ser cada dios reunido con su correlato tecnológico, su traducción al mundo de la informática. Cada aparición se debe a dos respuestas, la teológica y la racional, por esta razón, el esoterismo y el panteísmo sincrético, aquel que reúne a todas las religiones en una convivencia nueva e híbrida, representan la respuesta del mundo antiguo, mientras que el discurso tecnológico, su correlato moderno.

Las problemáticas de Ygdrasil son múltiples, pues si como novela se atasca a ratos entre la necesidad de la violencia, el exceso corporal y las posibles conexiones de cada entidad de nuestro mundo a un fenómeno tecnológico, su estructura es inédita, mas no original. Es más, presenta un gran conflicto americano, el problema de la tradición. Al cabo, Ygdrasil es, a mi modo de ver, un cristal desde el que puede y podría prologarse Synco y la escritura de Baradit. Así, aunque planteada binariamente, la concepción de lo real, influenciada por Borges, da cuenta de una necesidad simbiótica entre ambas, necesidad que, siendo una ficción, finalmente revela que ambos polos, el racional y el espiritual, son iguales. Dentro de las religiones que Baradit sincretiza ocurre de igual modo, la ortodoxia judía y cristiana, se ven opuestas al animismo mapuche o germánico, mostrando esta oposición, lo que a mi modo de ver, es una realización crítica verdadera.

Conventillos, relaciones de pareja y familia, tragedias nacionales, revelaciones sexuales y constataciones del hastío que provoca vivir en Chile, han sido materia deformante de las formas narrativas chilenas. Entonces, una aparente uniformidad pareciera caracterizar nuestra novela; en este espacio, Baradit no aparece como un Mesías avanzando en la figura de un virus informático, ni menos viene a revolucionar el género de la novela o la CF. A mi modo de ver, la importancia de Baradit estriba en mostrar que, como lectores y escritores chilenos, no es necesario el color local ni la excesiva preocupación territorial para hacerse cargo del problema de la tradición, sino que, por el contrario, tenemos la responsabilidad de ser responsables de aquello vagamente llamado occidental, y más aún, como literatura, la literatura debe dialogar con todas las escrituras bajo la ley de la traducción. Digo, de la traducción, pues pienso que a diferencia de otros pueblos que tienen la posibilidad de trabajar autorizadamente sobre culturas, en América no podemos ser especialistas ni siquiera de nuestra tierra, por lo mismo, como planteara Nicanor Parra, hay que hacerse un alfabeto propio, como los fenicios. Robar, leer equivocadamente, faltar al respeto, reunir lo pequeño con lo desmesurado, son algunas de las prácticas que instala Baradit, quien, al no restringirse a lo propio, ha dado cuenta que es necesario servirse de todo lo útil, sin mediar tabú y prohibición. No hay autoridad. Este principio que a América ha sido tan lento y fatigoso, ha comenzado a permear la literatura pero está lejos de contaminar el provincianismo crítico. Synco va más allá, pues además de intervenir la historia reciente de Chile al preguntarse, ¿qué hubiera pasado si el golpe de estado hubiera fracasado?, instala la paródica propuesta de pensar a Chile como un país que podría haber tenido un sistema nervioso computacional, una Internet, durante los setenta. Sin haber visto siquiera la novela terminada, intuyo que Synco extremará esta manipulación tradicional, pues ya no llevará a una joven o jóvenes chilenas a revelar los principios de lo real, sino que esa revelación será Chile en su historia, un momento como otros en el universo, pero un momento, como pensaría Borges, que quizás pueda revelar el destino de un hombre, es decir, del mundo mismo.

Juan Manuel Silva Barandica: Santiago, 1982. Licenciado en Literatura y Magíster © en Literatura en la Universidad de Chile, ha ganado la Beca de Creación Literaria para Ensayo, y la Beca del Fondo del Libro de Rescate Patrimonial para recopilar, editar y comentar la Obra Poética de Gustavo Ossorio. Ha publicado artículos, ensayos y poemas, en la Revista Chilena de Literatura, Taller de Letras y Plagio. Ha participado en encuentros y congresos en Argentina, Chile y Perú, además de ser becario de la Fundación Pablo Neruda en su taller de poesía, y participante del taller Códices, dirigido por Andrés Morales. Actualmente escribe para revistas de literatura como Contrafuerte, 2010 y La Calle Passy 061, además de publicar periódicamente artículos y ensayos literarios en su blog de crítica Erototropismos. Prepara la publicación de su primer libro de poemas (Dalilas), así como una novela (Gehenna) y un libro de ensayos (Erototropismos).

Vea también: Sobre Synco de Baradit en LA CALLE PASSY 061.

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2 comentarios leave one →
  1. Eganputman permalink
    22 junio 2009 12:17 am

    hi

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  1. Tres fragmentos de Synco de Jorge Baradit. « Contrafuerte

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