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Tres fragmentos de Synco de Jorge Baradit.

4 marzo 2009

synco-pinochet-allende

Uno de los aciertos del primer número de Revista CONTRAFUERTE fue la publicación de textos inéditos de la tercera novela de Jorge Baradit: SYNCO. Ahora te invitamos a leer dichos fragmentos y, por supuesto, a comprar la novela y el segundo número de revista Contrafuerte.

Jorge Baradit

Jorge Baradit

a. The coup that failed. Pinochet vs Merino, confronted archetypes in latinamerican militar history, Time magazine, article by Mike Wilson, 1976.

Al parecer alguien al interior del ejército, que nunca ha logrado ser identificado, alertó a la Armada de los inusuales movimientos de tropa realizados durante la madrugada del 10 de septiembre, todos en dirección a la costa. La escuadra nacional, fondeada en el molo de abrigo del puerto de Valparaíso, comenzó muy temprano a realizar maniobras desplegándose a lo largo de toda la bahía, desde Playa Ancha en el puerto hasta Reñaca en Viña del Mar, apuntando todo su poder de fuego hacia los cerros de la ciudad. Deseperados intentos por acopiar fuerzas les hicieron perder todo sigilo y compostura y los camiones circulaban por las calles gritando a voz de cuello las instrucciones. Habían sido traicionados, decían los oficiales, pero aún podían organizarse a tiempo, resistir el inminente enfrentamiento y, si la suerte estaba de su parte, volcar el pleito a su favor si conseguían aunar fuerzas leales en las otras ramas del ejército, al menos para generarles un problema interno y demorar sus reacciones. Sentían que la única fuerza valiente que había decidido monolíticamente enfrentarse al gobierno marxista, era la gloriosa Armada de Chile.

Efectivamente las cosas comenzaron realmente mal para Pinochet esa mañana. Ubicado desde muy temprano en un puesto de telecomunicaciones en Peñalolén, lejos de los puntos de conflicto pero a cargo de coordinar todas las acciones, debió escuchar con estupor el informe de que dos aviones Hawker Hunter habían salido desde Cerrillos en medio de un tiroteo cruzado entre fuerzas leales al General Bachelet y un grupo de oficiales golpistas que intentaban tomarse las instalaciones. Pinochet comprendió inmediatamente que los aviones buscarían un blanco dramático, porque sabían que no durarían mucho en el aire. “La Moneda”, dijo Pinochet. Consultó si el presidente Allende ya había llegado al palacio de gobierno y cuando le respondieron afirmativamente tuvo un segundo de duda eterno, sabía que no había tiempo de desplegar ninguna artillería antiaérea, la maniobra era totalmente inesperada. Llamó al general encargado de la seguridad del perímetro del palacio y le ordenó coordinar un muro de fusilería aún a sabiendas que era un gasto inútil de recursos, sólo no quería verse paralizado frente a sus subordinados. Pidió hablar con Bachelet y le solicitó apoyo aéreo para solucionar el problema.

Sobre los cielos de Santiago, los dos Hawker Hunters, uno de ellos pilotado por el oficial Mario López Tobar, hacen una pasada de estabilización sobre La Moneda y viran hacia la derecha. Uno de ellos se dirige hacia el sur y el otro en dirección este, al parecer hacia la escuela militar.

-¡Poder de fuego de los aviones!- grita Pinochet, descontrolado.

-Treinta y dos cohetes Sura, 8 cohetes Sneb, cuatro cañones Aden con proyectiles explosivos de 30 mm y cadencia de fuego de 1.400 tiros por minuto, señor- Pinochet se puso pálido.

-¡Mi general!- le grita un operario desde el otro rincón de la sala- El general Bachelet informa que despegaron seis Hawker Hunter para interceptar a los rebeldes, señor-.

Pinochet guarda silencio y evalúa la posibilidad de reorientar sus esfuerzos hacia mejor causa. Las circunstancias no son las mejores y quizá, quizá, la Armada consiga sublevar al resto de las ramas de las fuerzas armadas. Pinochet, en ese momento, sufre una terrible duda sobre si sus esfuerzos para desmantelar el golpismo dentro de sus propias filas había sido exitoso ¿Y si se le hubiera escapado alguien? ¿Y si algunos regimientos clave se alzaban a favor de la Armada e inclinaban la balanza en su dirección? ¿Aún era tiempo de sumarse a la asonada? Nadie sabía que era él quien coordinaba las acciones.

En ese mismo instante el oficial Tobar es informado del acercamiento de tres Hawker Hunter hostiles y decide bajar casi a ras de suelo sobre la comuna de Puente Alto. Establece su eje de tiro de sur a norte y avanza casi a la velocidad del sonido sobre los edificios del sur de Santiago en una acción suicida, dejando un rastro de cristales y estructuras livianas estallando a su paso. Bastaría un cable de acero invisible, una antena demasiado escondida, incluso un disparo afortunado para derribarlo. Nada de eso ocurre y a las 8:20 de la mañana del 10 de septiembre de 1973, un par de cohetes Sura P-3 rompen la barrera del sonido, avanzan por la calle Zenteno, cruzan la Alameda y estallan contra la fachada sur del palacio de La Moneda con un bramido espantoso que se escucha en toda la ciudad. El Hawker Hunter atraviesa la explosión de fuego y humo negro en una parábola ascendente que revienta todos los vidrios de los edificios contiguos. Pero entre la lluvia de cristales, que le da una atmósfera absolutamente irreal a la escena, los soldados en tierra ven como una larga y delgada estela de humo blanco avanza en línea recta contra el avión que emerge entre la niebla oscura y lo hace estallar en mil pedazos. Tras ello un avión de iguales características atraviesa el cielo en dirección oeste.

-Rebelde uno anulado. Repito, rebelde uno anulado- se escucha por los parlantes del puesto de telecomunicaciones. Los operarios celebran y Pinochet respira aliviado.

-Que los aviones sigan con el plan en dirección oeste. Alberto- grita, refiriéndose al general Bachelet- Que se queden tres para eliminar al otro jetón que parece que viene para acá.

El centro de Santiago se convierte en un lugar caótico. Los restos del Hawker Hunter derribado caen sobre el barrio cívico destruyendo algunas construcciones y desatando pequeños incendios que dispersan las fuerzas de bomberos en una serie de pequeños siniestros. Se escuchan tiroteos en el edificio de las Fuerzas Armadas frente al palacio y el presidente sube a los tejados de La Moneda justo en el instante en que otros dos Hawker Hunters se suman al primero en su viaje hacia el oeste, hacia el mar. Un afortunado corresponsal captaría desde la calle el momento en que el presidente Allende saluda el paso de los aviones leales enarbolando su fusil AK-47, regalo de Fidel Castro.

El segundo avión rebelde realiza maniobras evasivas en torno al cerro San Cristóbal para intentar un segundo ataque sobre el palacio de gobierno, pero una ráfaga cruzada de los cañones de un avión leal atraviesan el fuselaje y los motores convirtiendo al luminoso pájaro de acero en un pesado montón de fierro inútil. El aparato cae en llamas, trazando una curva de humo y llamas que intenta un estrepitoso aterrizaje forzoso a través de Avenida Providencia. De inmediato toca suelo se parte y arrasa con todo a su paso envuelto en una nube de llamas, chispas y ruidos metálicos que se estrella contra el muro oeste de la Iglesia de Nuestra Señora de la Providencia, lo atraviesa y finalmente se detiene, ante la mirada atónita del sacerdote que ordenaba el altar, en medio de la nave central. El piloto parecía vivo, lo mira tras la sangre del rostro, el avión estalla, la iglesia toda se derrumba ante la mirada atónita de los santiaguinos que se habían atrevido a observar desde sus ventanas. La estela de humo, indicando la curva de caída del avión, quedó durante algunos minutos suspendida en el cielo, como indicando el lugar de la tragedia. Para Santiago el peligro más grave había pasado.

Stafford Beer

Stafford Beer

Ricardo Lagos se paró en el centro de la sala y exclamó melodramáticamanente.

-El corazón de SYNCO

Martina miró en derredor sin alcanzar a distinguir nada extraordinario ¿Este montón de cachureos era SYNCO?. Lagos pareció darse cuenta y sonrió.

-El crecimiento de SYNCO ha sido exponencial. La verdad es que además de ésto que has visto, nos hemos tomado casi 300 kilómetros cuadrados de terrenos subterráneos en bunkers y túneles en el centro de la capital, blindados por capas y capas de concreto y aleaciones de metal especiales. Expropiamos edificios privados para demolerlos por dentro y convertirlos en enfriadores, bodegas de acopio de materiales, contenedores de cintas magnéticas en archivo, etc. Los edificios fiscales contienen terraplenes con miles y miles de bombillas al vacío en cientos de pequeños pisos donde operarios con trajes térmicos se deben arrastrar durante días por laberintos candentes, para hacer mantención y vigilancia básica. Usted sabe, matar las hordas de ratones que se comen los cables, por ejemplo. Antiguos edificios administrativos contienen miles de transistores del tamaño de automóviles. Hay embajadas convertidas en gigantescos radiotransmisores. El antiguo edificio del Banco del Estado, por ejemplo, hoy es un gran acumulador de energía eléctrica, con pisos y pisos de dínamos movidos por animales. Convertimos el casco antiguo de Santiago de Chile en una inmensa placa madre de computador, gigantesca, destilando gases y vapores condensados por tuberías que silban cada minuto, evacuando la respiración de un monstruo dormido bajo tierra, nuestro propio dragón protector, Martina. Un computador a escala de una ciudad, con personas moviéndose entre sus resistencias y transistores sin saberlo.

Martina lo observa en silencio. Y además se sentían orgullosos.

-Por cierto, Martina. El funcionamiento de SYNCO es en tiempo real. Todo el país está conectado a través de teletipos y mensajes telefónicos que ingresan información a los ejércitos de operarios que las reciben y las convierten en tarjetas perforadas en estas instalaciones. Luego se ingresan a través de las cientos de ranuras que tiene a lo largo de su vástago y los procesadores de la base. El “hipotálamo” como a Salvador le gusta llamarlo, reordena y distribuye los datos que salen en la forma de mensajes en lenguaje de programación para ser leídos, interpretados y aplicados en empresas, plantas e industrias a lo largo de todo el país. Pero ésta es sólo una de las muchas funciones de SYNCO, no te engañes, coordinar la producción es sólo un aspecto de muchos más que irás conociendo de a poco en esta visita, Martina.

La mujer titubeó, miraba de reojo la sala, que parecía un garage abandonado y no el corazón del constructo tecnológico descrito por Lagos.

El Opsroom o sala de operaciones.

El Opsroom o sala de operaciones.

Bernardo no sabe si está soñando o está despierto, pero parece ser algún tipo de laboratorio muy aséptico, quizá una morgue. Dos lobos se mueven nerviosos por el piso y una mujer vestida con ropas anchas y oscuras se agazapa frente a ellos.

La mujer se mete la mano a la boca y saca unas tijeras.

Los colores parecen más intensos y hay muchos reflejos que le hacen doler la cabeza ¿Está vivo en realidad? Cree recordar un accidente.

La machi le abre el estómago a uno de los lobos y cae mucha agua al piso, sólida, como arena. Es capaz de ver que cada grano tiene algo escrito en sus lados.

“De noche lo guardamos en un lobo para que la muerte no lo encuentre”, dice la machi.

La atmósfera se vuelve oleaginosa y siente como si hubieran abierto un agujero en la tina y todo se va por el torbellino. La angustia es un órgano negro que nada buscando salir por la boca. Pero es arrastrado hacia abajo con la corriente, directamente hacia uno de los lobos.

La machi le abre el estómago al segundo lobo, de arriba y hasta abajo, separa el esternón, mete las manos entre las visceras y lo encuentra. Lo toma de la cabeza y le mira las pupilas para cerciorarse de que realmente está ahí.

“Buenos días, compañero presidente”, dice con reverencia.

Hay alguien detrás, observando.

Todavía no sabe si está soñando.

Llora desconsoladamente.

—-

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