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Revistas Árbol de Letras y Cormorán.

9 marzo 2009

arbol-de-letras. Memoria Chilena

A finales de la década del sesenta en Chile, aparecen dos revistas de importancia latinoamericana, Revista Árbol de Letras, dirigida por Antonio Avaria y Jorge Teillier y Revista Cormorán, casi una continuación de la primera, dirigida por Enrique Lihn. En el contexto del Encuentro de Escritores Latinoamericanos realizado en Viña del Mar el año 1969, Vicente Bernaschina y Paulina Soto, recorren la situación de una escritura pública y crítica en Chile, desaparecida con el silenciamiento de la dictadura militar. Continúa leyendo el artículo.

Escrituras públicas: literatura y crítica en Árbol de letras y Cormorán (1968-1970).

“El escritor se define políticamenteen la medida que tiene existencia social.”

(Declaración de los escritores latinoamericanos,

Viña del Mar, 26 de agosto de 1969)

Como lo indica Soledad Bianchi, durante los años sesenta proliferaron distintos grupos y revistas literarias, aunque no fueron muchas las que lograron conjuntar efectivamente arte, crítica y una difusión amplia. Los casos de Árbol de letras y Cormorán nos parecen fundamentales, ya que propusieron un espacio abierto de encuentro crítico sobre los procesos culturales que se vivían y una actitud teórica y práctica sobre la incidencia de estos procesos sobre la realidad social.

En la coyuntura política y cultural que se vivía en Chile a mediados de 1969, caracterizada por las elecciones que verían triunfar a la Unidad Popular y por la celebración en agosto de ese año del Encuentro de Escritores Latinoamericanos en Viña del Mar, estas revistas instalan en el espacio público una seguidilla de opiniones y debates sobre la literatura y sus modos de cumplir una función activa en las transformaciones políticas, sociales y culturales.

En julio de 1969, José María Arguedas consideró Árbol de letras, dirigida por Antonio Avaria y Jorge Teillier, una plataforma válida para reproducir su última respuesta a la polémica que sostenía con Julio Cortázar. La respuesta de Arguedas, publicada un mes antes en el diario El comercio de Lima, criticaba principalmente el desprecio con que el argentino se refería a él y su autoproclamado provincialismo, y la actitud de “Júpiter mortificado” que adoptaba al reiterar desde la revista neoyorquina Life su “exilio voluntario” en Europa en aras de una literatura latinoamericana de talante universal.

Tres meses después, en el segundo número de octubre de 1969, la revista Cormorán –dirigida por Enrique Lihn y especie de continuación de Árbol de letras– expone y comenta con detención las intervenciones más representativas del Encuentro de Escritores Latinoamericanos, fomentando el debate más allá del ámbito especializado. Ya en la columna editorial del primer número, la revista había declarado su objetivo de abrir al público “un examen crítico de nuestra situación cultural,” mientras que en el segundo exponía los debates y conclusiones del Encuentro como un claro índice de esta. La editorial, extraordinariamente iniciada en la misma portada, insta directamente a la discusión de las consecuencias del Encuentro. Según la revista, dado que un sector de la opinión considera estas reuniones estériles y frívolas, y otro no deja de desconfiar de su oficio y su impacto social, es obvio que “vivimos […] nuestra ‘edad de la sospecha,’ y es preciso separar en ella la paja del grano […] el odio a la literatura o el escepticismo más radical con respecto a ella”.

La revista propone al lector su manera de entender la función social y crítica de la literatura en el contexto latinoamericano mediante la exposición de las diversas posiciones de los participantes. Así, no elide las duras críticas al Encuentro de Armando Cassígoli, Germán Marín y Nelson Osorio, ni deja fuera la apelación directa de los estudiantes universitarios hacia la falta de compromiso que algunos han manifestado desde la comodidad de los salones del Hotel O’Higgins. Es más, incorpora completamente la argumentación de Marta Traba sobre la inutilidad y el parasitismo que demuestran los asistentes ante la persecución y detención política de muchos escritores en el continente, y las acusaciones de Antonio Skármeta ante la ausencia de una política cultural coherente que acompañe de manera efectiva todas las propuestas teóricas.

Ambos hitos, el de julio y el de octubre de 1969, son índices del lugar que Árbol de letras y Cormorán ocuparon a fines de los años ’60 en la promoción de una cultura crítica. Soledad Bianchi, concluyendo La memoria: modelo para armar, declara falsa la creencia de que la causa exclusiva de la desaparición de estas y otras publicaciones fue el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Confrontando estas revistas y sus debates con nuestra actualidad, me parece evidente que el hecho es mucho más complejo. Más allá de las condiciones materiales y administrativas, lo que se perdió con la censura y la persecución es una concepción ideológica clara sobre la importancia de una escritura pública y crítica, dispuesta a discutir abierta y constantemente la función de la literatura en los problemas políticos, sociales y culturales de América Latina. Una conciencia activa que desafíe, como entonces, al conformismo del pretendido valor intrínseco del arte que hasta hoy se promueve en la academia y su mercado.

Vicente Bernaschina y Paulina Soto.

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2 comentarios leave one →
  1. zamora permalink
    24 marzo 2009 1:49 am

    Deep.

  2. Natalia Figueroa permalink
    4 abril 2009 11:52 am

    interesante lo que dicen, pero quedé con gusto a poco… avisen si desarrollan más el tema

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