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Av. 10 de Julio Huamachuco de Nona Fernández.

17 marzo 2009

La narradora Nona Fernández.

La narradora Nona Fernández.

La siguiente crónica, escrita por el narrador chileno Emilio Gordillo, fue uno de los textos integrantes del primer número de Revista Contrafuerte. Emilio nos relata aquí un primer encuentro visual con la autora de las novelas Mapocho y Av. 10 de Julio Huamachuco, la chilena Nona Fernández. Encuentro que nos sirve ahora como sutil presentación a dicha última novela. Continúa leyendo la crónica.

Encuentro con Nona Fernández.

Hace poco más de un año vi por primera vez a Nona Fernández Silanes. Formaba parte de un panel llamado Nueva Narrativa Chilena Actual y su rostro se emplazaba en el papel de mis manos junto a Alejandro Zambra, Álvaro Bisama y una chica que reescribió un volumen de Harry Potter cuyo nombre no recuerdo. El panel se llevaba a cabo en la Sala Julio Cortázar en el marco de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, La Rural, Plaza Italia. En la distancia de esos días me recuerdo molesto y triste, débil, escurridizo e irresponsable. Vivía mi primer escape de este país, el cual duró un año que me dio tiempo y distancia para escribir sobre este sitio que tanto me inquieta. Yo deseaba escribir pensando querer olvidarme de esta ciudad. Era marzo del 2007.

La sala Julio Cortázar podría haber sido una representación más de La pieza oscura, poema de Lihn que articula y actualiza inteligentemente la novela Av. 10 de Julio Huamachuco de la escritora Nona Fernández. De haber sido así, sería una pieza rectangular y alargada, como un ataúd, en la cual se amontonaba una centena de personas, casi todas chilenas, muchas de ellas como yo, en ese entonces, transplantados buscando un amparo reconocible, a oscuras, digamos, tanteándonos en la tonalidad y el calor rígido de las voces. Mi voz, o mi silencio, era una parte más entre aquel público: muchos de ellos antiguos exiliados de otras décadas, jamás regresados, encarnando años que pasan y olvidan cada vez más rápido y que al volver no reconocen bajo el pastiche de la ciudad o el cielo.

En la ronda final de preguntas fue uno de estos hombres el que se puso de pie, rabioso y contenido, por su aspecto podría haber sido un vagabundo o un guerrillero. Un olor a naftalina emergía entre todos nosotros, feligreses en esta nueva pieza oscura. El hombre, más cercano a los cincuenta que a los cuarenta años, increpó a la Nueva Narrativa Chilena, alzó la mano y en un grito, bastante emotivo y torpe – no por su contenido, sino por la contención que le precedió, un atasco probablemente de décadas –, les gritó que eran unos aprovechados. ¡Ustedes son unos aprovechados!, se oyó en la pieza oscura, ¡Ustedes son unos pedantes! Los cuatro representantes de La Nueva Narrativa Chilena se miraban los unos a los otros estupefactos. Entre ellos estaba Nona.

El mediador – un profesor argentino con el sospechoso apellido Link – lo interpeló a hacer alguna pregunta. El vagabundo o guerrillero, de voz temblorosa y a punto de quebrarse, insistía en gritar que la nueva narrativa, que dónde estaba Adolfo Couve, que el provincialismo, que cuándo los reconocimientos. ¡Cuál es su pregunta!, insistía Link como un padrino.

El silencio se congeló en la pieza.

Solo entonces, el guerrillero, o el vagabundo, se detuvo como saliendo de un trance o una posesión. Tartamudeó. Se miró las manos. Tal vez entendió la complejidad de su postura.

Lo que a mi me gustaría saber – dijo el hombre a punto de echarse a llorar – es cuándo se van a convertir en una verdadera nueva narrativa chilena.

El auditorio entero se miró las caras en la oscuridad de la pieza.

Cuando Link volteó a ver a los jóvenes escritores sugiriendo una respuesta para aquel extraño y triste hombre, estos también se miraron entre sí. Link insistió ahora más directamente: ¿Quieren responder, jóvenes?, preguntó. El hombre seguía de pie, solo y entre la multitud sentada en aquel largo, mortuorio y estrecho espacio de la Sala Julio Cortázar.

La pieza se volvió a llenar de silencio. Sentí una pena que no podría describir. Precaria.

Entonces, uno a uno, sentados y en un gesto de amabilidad, los jóvenes fueron nombrando un no tan rotundo y seco como la atmósfera que ya nos envolvía a todos.

El panel acabó. El hombre fue olvidado. Algunos se fueron tanteando en la pieza oscura. Saludos, abrazos, sonrisas. Yo, por mi parte, desanduve el recorrido y regresé por una gran alfombra roja que llevaba hasta la salida de la feria y se extendía como un cáncer por cada rincón de La Rural. Mientras avanzaba vi niños rubios jugando con sus globos y arrojándose sobre ellos, como esperando ser elevados en su esfericidad. Al final de la gran alfombra apareció la Plaza Italia, su pequeña rotonda y los carritos con libros usados, hasta donde me dirigí intentando arrancarme la náusea que dejó en mí el impasse del panel.

En el panel, Nona ya hablaba sobre una mujer que recorría Av. 10 de Julio buscando repuestos originales en un mundo de repuestos, Nona retrataba al Santiago actual. Yo me internaba en los carritos de Plaza Italia, perdido entre libros viejos y ajenos; ella hablaba de la importancia de Enrique Lihn en el salvataje de aquellos repuestos y piezas; yo me encontraba con un pequeño librito de portadas multicolores: Ediciones De La Flor, año 1973, Batman en Chile, Enrique Lihn: su primera novela. El librito estaba envuelto en papel transparente. Precio: 10 pesos argentinos. Equivalencia del peso: 2000 pesos chilenos. Lihn vendido como una baratija.

Usted no paga por el espejo, usted paga por lo que ve en el espejo, dice un vendedor de repuestos originales en Av. 10 de Julio Huamachuco. No pude ocultar mi avaricia, agarré el libro temblando. Pensé que las casualidades no existen, que más bien construimos nuestros deseos a través de signos y lenguaje. Yo, entonces, creía que deseaba escribir esperando olvidarme de Chile.

Yo me equivocaba.

Pasó el tiempo. Volví a Chile. Era verano. Decidí quedarme. Acá se vive una fiesta, una orgía que dará sus frutos oscuros en un futuro no tan lejano. Todas las áreas del saber están involucradas, el ejercicio de las letras es una más en la pieza o el engranaje. Fui a algunas de estas fiestas, me mostré como pude, no aprendí mucho en verdad, vi escritores, poetas, ingenieros comerciales, gestores de toda calaña. Llevo el libro de Enrique Lihn como un amuleto. En una de las fiestas lo saqué y mostré a un grupo de poetas. Me rodearon como en una misa negra, absorbidos en el libro como si fuera un falo, un rock-star, un ídolo o un cheque.

Pasó un poco más de tiempo. Tomé distancia de las fiestas, la necesaria para no desaparecer, la necesaria para poder presentar, dignificándome, los siguientes fragmentos de esta novela de Nona Fernández Silanes. Av. 10 de Julio Huamachuco.

Hoy vivo en Santiago. Av. Irarrázaval 692.

Av. Irarrázaval es la continuación de Av. 10 de Julio Huamachuco. Yo vivo a pasos de allí, como escritor y persona. Sigo cargando esa primera novela de Enrique Lihn, la llevo conmigo como un amuleto fértil y opaco.

Emilio Gordillo (Santiago de Chile, 1981). Escritor y editor del área narrativa de Revista Contrafuerte. Licenciado en Literatura por la Universidad de Chile. El año 2007, con un volúmen de cuentos titulado Residencia Precaria, adquiere la Beca de Creación Literaria del Fondo Nacional del Liro y la Lectura. El año 2008 fue condecorado con el primer lugar en el Premio Municipal Juegos Literarios Gabriela Mistral, otorgado por la Ilustre Municipalidad de Santiago de Chile con el cuento Los juegos mudados.
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