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Presentación de J.M. Silva de Obra Completa de Ossorio.

8 abril 2009

Juan Manuel Silva Barandica

Juan Manuel Silva Barandica

Como ya sabemos, el pasado jueves 2 de abril se realizó el lanzamiento de la Obra Completa (Beuvedráis, 2009) del poeta Gustavo Ossorio, obra reunida y editada por uno de los colaboradores de Revista Contrafuerte, el escritor Juan Manuel Silva Barandica. Si quieres leer la presentación hecha por el mismo Juan Manuel, cliquea el siguiente enlace.

Presentación Obra Completa de Gustavo Ossorio

por Juan Manuel Silva Barandica.

Juan Manuel se demora en la reflexión.

Agradezco a los que vinieron hoy, mis familiares, mis amigos, mis colegas y a la gran colaboración de los familiares de Gustavo Ossorio, don Augusto y don Gustavo Ossorio.

Rodeado por mis mayores entre las lectoras lámparas (esta hipálage no es mía), entre los volúmenes de esta imagen de paraíso que es la biblioteca, recuerdo con fría emoción que todo quien ha descubierto su literario destino ha de llegar a ser un libro.

“De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la  voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y la imaginación” (así lo plantea Borges)

Ahora Ossorio lo es. Rodeado por nuestros mayores, o por el espíritu santo, probablemente el mejor escritor de Occidente, es justo pensarlo también, al libro, como un vínculo con los muertos. Hablan muchos muertos por estas páginas y es porque Ossorio de algún modo quiso la muerte, no sólo como desaparición, sino como traducción de dicha experiencia a la manera de los Boddisatvas. Decirle esa mutación que opera desde al ir más allá, el descubrimiento de que esta materia no es la única ni la final, a alguien. Como Gilgamesh, Orfeo, Ulises, Cristo o el Buda, quizás más como el Buda descubriera en su casa de la calle Cuevas, que la vejez, la enfermedad, la muerte y, en el fondo, el dolor condicionaban toda experiencia humana transformándola en una propiedad, una atadura a las cosas.

Hasta este punto, hay tres aspectos sobre los cuales me gustaría divagar.

La madre, dios y la muerte.

  • Hay algo de preislámico, de matriarcal, de judaico en Ossorio. Piensa a su madre como una Shekinah, la nube que protege a los judíos en el desierto, una conexión protectora con la divinidad. En ese sentido, no es menor mezclar las páginas de la vida de Ossorio con las mías. Ya por ventura, influencia de los astros, azar o voluntad divina, mi madre está viva. Y gracias a ella, mi padre y mis hermanos pude dedicarme a este trabajo. Intuyo a Ossorio le ocurrió de manera similar a la hora de pensar lo femenino y lo trascendental.
  • Reconoce en una carta a su madre que cree en Dios, que es teísta, pero que no comprende la asociación de dicha divinidad a un grupo de personas. En ese sentido, como los sufíes y cabalistas, su búsqueda es solitaria y desde el texto. Lee a ese Dios que intuye, y busca  comunicar dicha búsqueda mediante la poesía. En ese sentido, puede que su trabajo se parezca al de Jaime Rayo, para quien la poesía era un medio y no un fin. Dios es entonces la imagen e imaginación de un texto, el universo, que debe ser leído e interpretado, es decir, representado, recreado. Ossorio como Isaac Luria de Safed recrea el mundo dándole una posibilidad de armónica felicidad, y falla. Esta hipóstasis de Dios, su escritura, es en sí vanidad, fallo, fragilidad.
  • Como Enrique Lihn y Gonzalo Millán, Ossorio escribe su obra capital en el sanatorio el Peral, durante un largo y angustioso aprendizaje en la muerte. Así, aunque pudiera leerse Contacto Terrestre, su último libro, como un diario de muerte, es en el fondo un diario de vida, un largo poema que se pregunta y avanza entre las experiencias que configuran la cotidianidad, hallando en ellas un correlato secreto, un débil palpitar de presencias otras, presencias que entran en contacto sólo con quien las busca. Como en el lenguaje de los pájaros del poeta islámico Farid Uddin Attar, escrito en el siglo XII, Ossorio entra en el Wadi Fanah, el valle de la extinción, no como un suicidio poético, sino como la forma de desaparecer en aquello que lo supera y atrae, ese dios sin atadura convencional. Así, el aprendizaje en la muerte es la experiencia del vaciamiento,  del extinguirse en la luz mayor, quedar ciego en los ojos de Dios para verlos a todos desde sus ojo. Borrarse para que el corazón se vuelva espejo y sea capaz de reflejar su rostro, y que así pueda verse en cada verso, cada palabra y letra de su creación. Olvidarlo todo para poder recordarlo. Devolver la gota de agua a la mar océano.

JM

Sólo me resta pensar un último asunto. Recordamos a Gustavo Ossorio no porque haya sido olvidado, no hay exhumación ni gesto reivindicatorio. Recordamos, traemos al corazón, tañemos la cuerda y conocemos. Recordamos que sabíamos algo, y también recordamos del judaico modo, el tikkún, pues al recordar restituimos, restauramos aquello que había quedado inconcluso, devolvemos la hebra al tejido, la insertamos. Al recordar estamos asistiendo nuevamente al acto creador, a una pequeña creación del mundo, un eco. Participamos de la posibilidad de escribir la historia, digamos una historia personal -quizás la única válida- organizando el mundo de otro modo. La historia de la literatura chilena que imagino y he soñado menciona a Hugo Goldsack, Aldo Torres Púa, Jaime Rayo, Victoriano Vicario, Luis Omar Cáceres y Gustavo Ossorio. Hace un tiempo ya que he comenzado a diseñarla con el amor que sólo se puede tener a aquello que nos es negado. Con ese amor que intuyó Ossorio en el más allá de la puerta del hogar. Donde podremos mirar por los ojos de dios la creación, como uno que mira su cuerpo y goza, en el decir de Whitman.

De nuevo Borges, en Everness:

Sólo una cosa no hay. Es el olvido
Dios que salva el metal salva la escoria
y cifra en Su profética memoria
las lunas que serán y las que han sido.

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One Comment leave one →
  1. 8 abril 2009 12:47 pm

    Preciosas palabras Juan Manuel, lástima no haber estado ahí para escucharlas y no leerlas. Un gran abrazo.

    V.
    P.S.: Voy a ver si logro que compren el libro por acá en Saint Louis.

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