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Aún hay experimentalismo. Sobre Totémesis de Sergio Alfsen. Por Felipe Ruiz

23 septiembre 2009

Totémesis de Sergio Alfsen

Como un adelanto del tercer número de Revista Contrafuerte, Felipe Ruiz (Coronel, Chile, 1979), poeta y crítico de literatura, nos presenta un libro particularísimo: Totémesis de Sergio Alfsen Romussi. A partir de este libro, ve los rasgos de una posible poesía futura, poesía anclada en la obra de la generación de los Novísimos poetas chilenos: aquellos que comenzando su escritura con el siglo, tienen como mayores exponentes a Héctor Hernández y Paula Ilabaca.

Revisa esta pequeña reseña sobre Totémesis de Sergio Alfsen Romussi.

AÚN HAY EXPERIMENTALISMO. Sobre Totémesis, de Sergio Alfsen

Por Felipe Ruiz

La mejor forma de responder a los malos juicios respecto a la calidad de mis críticas es ejerciendo la crítica. Lo digo por algunos desesperados que buscan a toda costa denostar no solo la calidad de las propuestas de buenos poetas, sino exiliarlas, peligrosamente, de la literatura. Entiendo la desesperación: ese abismo de tiempo que hoy decanta en toda la producción de los poetas novísimos parece entregar sus frutos, ad portas del cierre de la década. Algunos no tomaron nota a tiempo de este decantamiento. No leyeron, no quisieron leer Completa, de Paula Ilabaca; NO!, de Héctor Hernández Montecinos; Gran Avenida, de Gladys González. Hicieron todas las tareas después de la reunión de pauta, pero no fueron a terreno, no exploraron in situ lo que ocurría. Es así como tampoco fueron capaces de vislumbrar la semilla que muchos abonaron a una tierra baldía.

Los frutos, hoy, son evidentes: uno de ellos, el libro Totémesis, de Sergio Alfsen. En una cuidada edición de JC Saez, el proyecto que nos presenta Alfsen es singular. Pero mal haríamos en denominar “singular” simplemente a una obra que se la juega por ser experimental. Ser “experimental” a estas alturas es un riesgo y se agradece solo si la obra cumple con ciertos requisitos de entrada: que la experimentación apunte a hacer sentido en lo local, es decir, que auto restrinja su margen de acción y deje de lado cualquier espíritu mesiánico; que la experimentación cumpla con un mínimo contrato de lectura, esto es, que el lector se sienta vinculado a la obra en tanto el imaginario sea coherente consigo mismo, por más disparatado, non sense, o irracional que se nos presente; y por último, que la experimentación se traduzca en una experiencia plácida para el lector, que traspase su sentido hacia la manida pasividad de su lugar.

Alfsen cumple con el primero y el tercer requisito. Primero: su obra no es en lo absoluto pretenciosa, intenta de hecho indagar desde una voluntad de auto-crítica en su propia escritura sin transponer esa voluntad a un mundo extra literario. Se mantiene, en efecto, en la senda de la letra y se juega en ella. Porque escribe desde un lugar cuyo topos no es juzgado en la poesía y porque la experimentación es siempre juiciosa de sus procedimientos, como un químico que trabaja con elementos peligrosos: “Onomatopéyico al taro y sobre el iris yunque o yugo hablo no en/ hocico en exequias fieles reveladas luz de claustro ansío jugo vaginal” (Alucinogenia).

En el tercero: este trabajo de químico es ostentado con juicio, como decíamos, y además con estilo; se dan cita acá elementos de una jerga entre médica y esotérica, que resultan planteadas con novedad y sapiencia. Sergio Alfsen parece trabajar un lenguaje propio de una farmacopeda platónica, estrechando el vínculo entre una poesía narcótica y a ratos gratamente divagadora.

Pero a ratos, solo a ratos, parece como si Alfsen poetizara sin anclaje alguno a un concepto poético específico, como si Totémesis fuera la máscara de una obra mayor que se insinúa, pero que nunca se nos muestra. Habría que ajustar el “registro” en que se poetiza, hacerla encajar en la voz del hablante, y quizás así se encontraría la palabra justa, apropiada. Igual me parece este un libro meritorio, un fruto de la experiencia de los poetas de inicios de los dos mil y, por tanto, necesario para entender lo que se nos viene a futuro.

felipe_ruizFelipe Ruiz (Coronel, 1979). Organizador del Primer Encuentro de Jóvenes Poetas, Poquita Fe. Participante del Foro de Escritores.  Ha publicado el libro Cobijo, por LOM Ediciones, el año 2005; Arquero (2008) por Editorial FUGA y Fosa Común (2009) por la misma editorial.

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13 comentarios leave one →
  1. 009 permalink
    23 septiembre 2009 6:53 pm

    escrito canonizante
    por qué auto restringirse el margen de acción sería un requisito de una poesía precisamente experimental?

  2. simón villalobos permalink
    25 septiembre 2009 7:36 pm

    Creo que la anexión de Alfsen al cirucito de lecturas que Ruiz refiere, es decir, “la experiencia de los poetas de inicios de los dos mil” es un descriterio concordante con un escasa comprensión de lo experimental en poesía, como si lo experimental empezará con los pánicos del siglo XXI, como si la ruptura no fuera una forma e inacabado proyecto de la poesía desde principios del siglo XX desde la asimilación de las vanguardias europeas en latinoamérica. A mí Alfsen me suena a Girondo, me parece adherir al procedimiento neológico de Trilce, me suena a Perlhonger, a Sayal de Pieles de Berenguer, a Albricias de Fariña, aunque no siento la necesidad de situarlo como heredero o cultor de sus ritos -es interesante esto: esos ritos y ese otro que Alfsen quiere fundar con su libro-, mucho menos forzar su obra como continuidad de los vociferados hallazgos críticos de Ruiz: Ilabaca, Hernández, González. Esto último implica una imposición del todo advenediza y que no agrega sino confusión a la situación y desarrollo de Totémesis como proyecto escritural.

    Por otro lado, sí: evita mesianismos; está bien escrito, es decir, concuerda consigo mismo en su sinsentido o contradicción; es interesante o “una experiencia placida”, como Ruiz gusta decir.

  3. simón villalobos permalink
    25 septiembre 2009 7:43 pm

    aquí se puede escuchar a Alfsen en acción http://antologiaenmovimiento.blogspot.com/2009/09/sergio-alfsen.html

  4. 7 octubre 2009 3:48 pm

    Es fatídico para la poesía que existan comentaristas como Simón Villalobos, llenos de mala y rancia leche, preocupados únicamente de salvaguardar las patrañas de poemas pasados a sebo de anciano, y que no conforme con ello, trate de perjudicar a emergentes voces adosándoles la vanguardia del siglo XX. Me huele desde luego a academicismo encubierto, a tradiciones guardadas en el clóset y a libros de páginas amarillentas que se deshacen con solo tocarlas. Concuerdo con otros que sí han visto en el experimentalismo de inicios del milenio una revolución textual, y en ningún caso heredera de un arbitrario apego al lirismo de los clásicos.

    Felipe Ruiz

  5. simon permalink
    7 octubre 2009 5:50 pm

    no hay mala leche, si un tono un tanto enfático que puede, es sólo una opinión, no me parece que Totemesis parta de los autores que señalas, Felipe, eso es todo y creo que es una carga mucho más fuerte la que tú le das con esa operación que mi academicismo que calificas de bla bla bla bla; Otra cosa, en qué sentido lo perjudicaría? o tambián andas buscando los registros nunca antes vistos y esos paenegíricos simplones?

    Totémesis es un libro interesante, me guista, en eso estamos de acuerdo, al parecer tu manera de decirlo es que se parece a Ilabaca o Gladys Gonzalez o Hernández; me gustaría saber por qué afirmas eso y por qué consideras nocivas mis referencias.

  6. 7 octubre 2009 6:05 pm

    Me parece Villalobos confunde buena crítica con prejuicios y altanería, en lo personal, no me interesa transformar esto en algo personal, así que no caeré en el mal gusto de las primeras personas. Eso sí: creo en las poesía fulminantes, creo en aquellas que borran y aniquilan sus antecedentes y que demarcan un territorio como un código de área. Eso acontenció con la novísima y si Villalobos no lo quiere ver, que se vaya a la punta del Cerro Paranal. Lo que aconteció a él destierra para siempre los tradicionalismos y desde luego las réplicas de ese acontecimiento aún se dejan ver en varios autores posteriores. Lo que sucede, (y no es mi intención con esto responder a nadie, simplemente, acotar un dato al debate), es que con la diáspora de los novísimos apareció un agujero de tal envergadura que nadie parece querer verlo porque de seguro no tienen talento ni fuerzas para llenarlo. Por lo demás, desde la crítica académica no se puede hacer nada para revivir marionetas porque desde luego, toda esa paja de vanguardias y larismos, está enterrada.

  7. simón permalink
    7 octubre 2009 7:27 pm

    por qué? en qué consiste tal agujero? cada vez que dices “lo que sucede, lo que aconteció” sales con un nuevo desvío. Perdón por mi ignorancia, no es que no quiera ver sino que no alcanzo a entender una razón entre los entusiasmos y los misterios, estos dramáticos suspensos, con que pareces intentar explicarte.

  8. simón permalink
    7 octubre 2009 7:31 pm

    y qué tiene que ver eso con Totémesis de Alfsen?

  9. Felipe Ruiz permalink
    7 octubre 2009 8:49 pm

    Disculpen si no tengo ese tono tartamudeante de los críticos, pero en parte he aprendido a cultivar mi sorpresa y mi expectación frente a lo poético. Y eso poético tiene que ver con algo que a simple vista se ignora. Que la poesía es el proceso de la poesía y no la tradición. En tal sentido, considero oportuno indicar que el libro de Alfsen es desde luego, parte de un proceso, del proceso que se inicia en el 2000 con los novísimos y que aún no termina. Por lo demás, sería oportuno mejor dedicarse a argumentar en vez de preguntar.

  10. simón permalink
    7 octubre 2009 9:54 pm

    Creo que los poemas y propuestas de este libro derivan de un espectro mucho mayor de autores, no entiendo por qué debieran entenderse al alero de esas poéticas y el adánico o apocalíptico año 2000. En cuanto a su exeprimentación formal por ejemplo creo que ella no está contenida en los autores que nombras, va más allá de ellos y, por más ofensivas -eso tampoco lo entiendo- que te parezcan las vanguardias del siglo pasado, no me parecen lecturas obsoletas, ahora bien, podríamos fijar momentos o publicaciones que se sitúan como filtros de estas innovaciones, si ha esto -el trayecto de estos modos y sus inteciones- llamas LA tradición creo que actúas animado por temores y prejuicios, un pesado blindaje completamente innecesario pues dicha lista de hitos no existe de un modo estable o, por lo menos, yo no la concibo de ese modo ni he estado invocando su autoridad en estos comentarios fatídicos (el casco de tu armadura), sino que -y al parecer es esto, sus posibilidades, lo que discutimos- cada libro sugiere o alude directamente a múltiples líneas de ascendencia. Yo indico algunas, creo que existen importantes inflexiones y puntos de apoyo más actuales para que ellas compongan la silueta de esta otra escritura -la de Alfsen, a todo esto- y seria interesante determinarlas con mayor seriedad y detenimiento para afirmar algo y no la urgencia de ser sentencioso.

  11. Don Belisario (el que se tira a tu señora mientras lees este estúpido comentario) permalink
    8 octubre 2009 4:11 pm

    Se escribe un un libro y al final se termina hablando de otra cosa.

    Alfsen escribió un libro, que el lector lo lea, con eso basta, el resto, sólo palabras que no dicen nada mas que ¡Por qué no te callas!

  12. Atlan permalink
    29 septiembre 2010 1:43 pm

    Puras peleas de maricas. Ponganse guantes y resuelvanlo como hombres. Ojalá el escritor Diego Muñoz saliera de su tumba y les diera un buen par de charchazos. Pedantes.

  13. leitor permalink*
    29 septiembre 2010 3:10 pm

    y vo conchetumare que metí la cuchara pa resucitar gueones ma encima, habla la guea del artículo sacoeguea culiao

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