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BANDOLEROS: Visiones de tradición y traducción

15 febrero 2010

Paula González Cancino


A raíz de la aparición de A cielo abierto de Joao Gilberto Noll, presentamos un texto  sobre  Bandoleros, cual fuera el primer acercamiento de Noll al idioma español a través de la traducción.

Bandoleros en este sentido trata sobre cómo la escritura de una pérdida identitaria es capaz de redimir esa misma pérdida uilizando residuos culturales de un Brasil que tal vez ya no existe.


La obra del escritor brasileño Joao Gilberto Noll, su narrativa de recorrido, de caminante en búsqueda, ha sido lo suficientemente ajena al hispano – lector hasta aproximadamente el 2006, cuando es publicada en español su novela Lord por Adriana Hidalgo editora. Al año siguiente, se sumará a esta “traducción” otra de las novelas de Noll titulada Bandoleros, originalmente editada en Brasil el año 1985 y reeditada en el mismo país en 1989.

Bandoleros es una novela que enfrenta la rigurosidad de la prosa tradicional para abrirse un camino abismal que se funda en la fragmentariedad del relato. La lectura de esta obra se transforma en una pesquisa constante en la cual encontramos una serie de antecedentes, huellas o pistas que nos remiten a parte de la historia, pero se desvinculan de un todo narrado, es decir, enuncian la totalidad mas sus líneas no la consuman.

El narrador, como ocurre en otros relatos de Noll, es un hombre innominado, un protagonista de origen brasileño que revela una serie de situaciones a partir de sus viajes tanto físicos como psicológicos. Desde el inicio de la narración se le conoce como un escritor de poco éxito a quien, un día cualquiera, lo mueve “una necesidad loca de salir”. Su vida trascurre entre Río, Porto Alegre y Estados Unidos, entre la residencia y el recuerdo de aquellos lugares y es desde ahí que su imagen se construye o de- construye por medio de la soledad, el desencanto y una suerte de abandono.

Este viaje que emprenderá esa voz y personaje dislocado, ubicándose en los sitios mencionados, pero al mismo tiempo ajeno a todos ellos, se delimitará por escenas y encuentros con personajes eventualmente inestables, cuyas vidas dan muestra de la decadencia, de la pérdida y la búsqueda sin aparente sentido que no cesa a lo largo del relato. Un saxofonista ciego, un joven vate que piensa en la sublimación del suicidio como acto poético; Steve, aquel gringo recién salido del psiquiátrico cuya memoria se ve perturbada tras la estadía en el manicomio; Ada, mujer del protagonista, que luego de incursionar en estudios acerca de la “sociedad minimal” retorna a Brasil (desde Estados Unidos) para vivir lo que sería su última temporada en pareja; y Joao, amigo del personaje – narrador, a quien una jamás enunciada enfermedad lo llevará paulatinamente hasta la muerte. Cada uno de estos seres en tránsito bosquejará un entramado de situaciones superpuestas aleatoriamente, sin orden preestablecido y con urgencia de ser nombradas.

Todas estas secuencias esbozan una filiación con relatos de Beckett, como: Molloy, Malone muere y El Innombrable, textos en donde lo esencial se ve reducido al extremo, lo espacial no se conecta con el individuo (sometiendo al sujeto a un continuo destierro) y la prosa se desmaterializa y se despoja de todo elemento sobrante. Como se entrevé en la narrativa del irlandés o en una pintura de Ad Reinhardt, Noll minimaliza intensamente sus historias y sitúa a sus personajes de manera alternada en espacios sobremodernizados. Calles, bares, casas de inmigrantes, aeropuertos, todos se convierten en territorios en los que cada uno figura inserto, pero al mismo tiempo no forma parte de ellos. La cuna moderna ahuyenta a estos individuos y los obliga a  desparecer en un paisaje gris saturado de anonimato.

En función a lo anterior, cabe mencionar que la tradición literaria de Joao Gilberto Noll plasma la dialéctica identitaria  de quien pertenece o forma parte de un período específico de la literatura brasileña. Esa dialéctica se desenvuelve entre el rigor de una escritura que reconstruye el escenario propio del Brasil postdictatorial y la interacción que es posible sostener con otros lugares del mundo. Una relación entre el sujeto y el lugar habitado que se debate entre lo que le pertenece y lo que le es foráneo, entre la construcción de un yo y al mismo tiempo, en la formación de sus múltiples identidades posibles.

Un sujeto que escribe desde la tradición se ciñe a la representación de su cultura, dialoga con sus costumbres, da cuenta de sus ritos, de cuanto le antecede y con ello crea una unidad que se aleja de toda diversidad o hibridez y se muestra a través de la identificación de sí en el espacio habitado, las posibles relaciones establecidas en aquel lugar y el carácter histórico que este sitio posee. Este mismo sujeto integra la memoria ofreciendo una visión de los habitantes, espacios y los sitios en ellos convocados, fundando además la trayectoria y distinción entre el tiempo presente y aquel que ha quedado en el pasado.

Joao Gilberto Noll, desde su escritura, pondrá de manifiesto un afán por ir más allá de lo que dispone la tradición. Si bien su prosa en Bandoleros arrastra a un Brasil sobre sus espaldas (Río de Janeiro y  Porto alegre principalmente), este Brasil es contemplado desde la lejanía como una nación que de un momento a otro se transforma en postal, en carta, en diario de época. Espacios, lugares, ciudades son vistos únicamente tras la ventana y esa imagen se aleja y desvanece ante los ojos de quien la alude.

Esa presunta huída de la tradición tiene como antecedente que tanto Bandoleros como Lord son novelas escritas por Noll en el extranjero. El mismo autor lo menciona en una entrevista realizada por la Revista Ñ “Tanto Bandoleros como Lord fueron escritos en países que no son el mío. Bandoleros en Estados Unidos y Lord en Inglaterra. No los habría escrito si no hubiera tenido esa experiencia de vivir algunas temporadas fuera de Brasil”. Es en este punto donde se enmarca la dialéctica antes sugerida, el desdoblamiento que permite mirarse desde el exterior e interactuar con las múltiples opciones ofrecidas por un panorama tan híbrido como integrador.

Fuera de la tradición y en acercamiento a la traducción, un trazado nos promete entrever diversas aristas. Al pensar en traducción en la novela Bandoleros no queda exento el oficio del protagonista de la obra: Y LOS ULTIMOS TIEMPOS CON ADA FUERON DUROS PENSÉ. Y ESTABA HARTO DE VIVIR DE TRADUCCIONES. Asimismo, el cansancio y el hastío se corresponden con esta labor. El narrador- personaje lo menciona al inicio del relato: SALÍA DE MIS ABSORVENTES TRADUCCIONES Y ME RECOSTABA EN EL SOFÁ. Su fracaso como escritor, su pérdida de orientación y sentido se complementa con el acto de la traducción, entendida en su concepto más básico, como el traspaso que se hace de un idioma extranjero al idioma del traductor o viceversa. Si se pensara únicamente en esta noción referida veríamos además la traducción de la novela de Noll, del portugués al español, como ejercicio literario de interpretación  y traspaso escritural, pero ¿Es a esto a lo que llamamos “traducción en la narrativa de Joao Gilberto Noll?

La traducción, más allá de su sentido literal, tiene que ver con la capacidad de explorar nuevos horizontes con el ímpetu que surge de “una necesidad loca de salir”, con la traducción de una experiencia en un mundo y continente en que la experiencia es ya algo, al menos, discutible. El protagonista es un caminante que recorre lugares traducidos (donde deambulan personas ajenas a ellos sin mediar mayores relaciones que las del tránsito). En ese camino marcado por la indiferencia y el sinsentido se da paso a la transfiguración del narrador, quien desde las calles y casas de Estados Unidos puede observar ciertos pasajes de su cultura y tradición, del mismo modo en que se inserta en el nuevo espacio habitado: HABER NACIDO AQUÍ O ALLÍ ERA UN MERO ACCIDENTE.

Noll es una autor de traducciones, entendiendo como tal la última idea aludida. Su escritura se mueve entre el origen y lo novedoso, entre lo que se es y lo que se puede ser. Stuart Hall hace referencia a estos escritores del siguiente modo: “Las personas traducidas mantienen fuertes vínculos con sus lugares de origen, pero sin ilusión de un retorno al pasado. Son obligadas a negociar con las nuevas culturas en que viven, sin ser estrictamente asimiladas por ellas y sin perder completamente sus identidades”. La obra de Joao Gilberto Noll cumple con esta premisa, zigzagueando entre espacios disímiles con una naturalidad introspectiva de quien viaja territorializando recuerdos que configuren su (s) identidad (es). Ello hace que su narrativa sea tan interesante como difícil de clasificar, puesto que tras la fragmentariedad se asienta el rítmico itinerario de aquel paseante – espectador que se ve en la obligación de ordenar las huellas modeladas en los lugares transitados, de acudir a formas que le permitan encontrarse en sus presentes sin abandonar la existencia de un pasado anterior. Será entonces éste un proceso afirmado en una sucesión que no acaba, una búsqueda que permanecerá en la medida en que el trayecto se haga circular, constante y aleatorio, tal cual la pelea por una identidad y traducción de nosotros mismos.

Paula González Cancino (San Antonio, Chile, 1986): Licenciada en Lengua y Literatura Hispánica por la Universidad Católica de Valparaíso. Ha sido colaboradora de revista Contrafuerte.

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