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Límite y exceso: Sobre “Grasa” de Rodrigo Gómez

2 abril 2010

por Óscar Saavedra

Si dentro de la poesía chilena hay un libro en estos últimos tiempos que lleva a cabo los puntos seguidos del neobarroco o más explícitamente del barroso, es Grasa de Rodrigo Gómez. En estas páginas, no numeradas –algo que dificulta la ubicación de algunos poemas- encontramos lo que Calabrese definió en su libro La era neobarroca como características del neobarroco: ritmo y repetición. Gómez entabla un diálogo con las notas musicales del lenguaje, con un cadencia híbrida y desbordante, donde la sonoridad de las palabras es al ojo, lo que la voz es al oído, apelando quizá a un excesivo uso de gerundios o al abuso de la aliteración, como también de adjetivos que no contradicen su finalidad escritural ni su mensaje, algo que es para Sarduy “un divertimento fonético que es su propio fin”; límite y exceso: el texto no apela al sincretismo, es más, quiere desbordar las páginas, detalle y fragmento: pareciera que nos situamos a ratos en una sinopsis televisiva, en donde el recuerdo es un corte, no de la escena en su totalidad, sino del detalle de la escena en un párrafo. Sabemos que vivimos en una cultura fragmentada, carente de una identidad definida, por lo mismo y, apelando al “bajo mundo” del neobarroso de Perlongher, los personajes de Grasa se sitúan en un club vietnamita, en el Cerro Polanco, o en una caminata lumpérica, en donde: la brigi, el adri, dos aguas y gómez –el clan-, entablan diálogos, generan acciones, fuman “recios tallos melenudos”, beben, patean, incluso uno de ellos piensa que el autor es su padre en alguna borrachera, desordenando la línea lógica del tiempo, careciendo a ratos de la memoria. El comienzo es el pasado, podría decir, o el pasado es el futuro. Es ahí donde Gómez, apelando a sus lecturas, reescribe una parte de Mantra de Rodrigo Fresán, en donde el personaje, que tiene un Sea Monkey, un tumor que lo recorre, quiere tener cámaras en los ojos, para vivir en tiempo presente y no depender de la memoria, siendo él mismo su propio personaje. Por lo mismo y contradiciendo las palabras de Echavarren escritas en la contratapa del libro, Grasa no carece de temas como afirma, más bien los temas se esconden en los personajes y sus acciones, lectura que se va dando en la medida que el lector sepa separarse de su realidad, para así leer en estas páginas la soledad.

Rodrigo Gómez (Santiago de Chile, 1975): Ha publicado, recientemente, Grasa (autoedición, 2009). Es editor general de la editorial Mantra y fue organizador del Encuentro de Poesía Poquita Fe.

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One Comment leave one →
  1. Fernanda alcalde permalink
    30 abril 2010 10:47 am

    exelente libro
    lo lei estas son las escrituras que deberian tener algo mas de cobertura
    siempre notas comentarios sobre la misma gente
    en leras s5 se auto publican poemas discuten boberias se hacen reseñas entre amigos
    nada serio con objetibos criticos de fondo no hare una critica de grasa porque este no es el medio pèro escritores que apuestan a sus propias formas estan siendo dejados de lado no se si por envidias del medio o simple ignorancia

    el articulo este de un señor oscar saavedra esdeficiente no toma la escencia del libro y solo repite algunos nombre de autores que pudo haberselos aprendido de memoria

    Fernanda Alcalde

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